Tu bebé es un ser pequeño que expresa sus necesidades a través de su cuerpo, sus movimientos, sus expresiones faciales y su llanto. Reconocer y comprender las necesidades básicas de un bebé recién nacido es un viaje que implica escuchar, tocar y ser madre. Para esto no existen dogmas: toda madre es «la» especialista de su bebé si presta atención a lo que siente y observa.

El «No sé por qué, pero …», «Siento que mi bebé necesita …» debe ser la guía de todas. ¿Sientes que tu bebé quiere dormir? Observa el poder de tu voz sobre él. Un estudio italiano reciente demostró que las canciones de cuna ayudan a fortalecer el vínculo de apego. Además, se reduce la frecuencia de los episodios de llanto, mientras que el estrés materno también disminuye.

El bebé preferirá dormir en la sala de estar porque los sonidos domésticos (voces de padres, hermanos y hermanas, ruido de la lavadora, etc.) lo tranquilizan y mecen. El recién nacido es un ser muy social, el silencio no lo tranquiliza; por el contrario, dormirá profundamente en su cuna colocada en la sala principal mientras tu recibes a tus amigos o familiares.

Tu bebé necesita contacto, preferiblemente piel con piel. Abrazar, masajear, mecer, cargar al bebé con la mayor frecuencia posible, porque esto le permite secretar oxitocina, la hormona del bienestar, la unión y la seguridad emocional. También lo segregarás tu y esto promoverá tu relajación así como la producción de leche.

Puedes masajear las plantas de los pies o las palmas del bebé con movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj, en su pijama o en la piel, para darle relajación y calma. Este masaje se puede realizar cuando el bebé necesita comodidad, después de un baño o en su fase de sueño.

Cuidar a un bebé requiere de una presencia física, pues es una de sus necesidades imprescindibles, por lo que favorece el porte fisiológico, incluso en casa, que te permitirá realizar tus actividades o estar presente con tus hijos mayores.

El cuidado del bebé será lo más sencillo posible, sabiendo que ahora es recomendable bañarlo solo cada 2 o 3 días para no resecarle la piel con agua muy dura.

Limpia los glúteos del bebé con linimento de aceites que hayas elaborado tú misma y sobre todo déjalos con la mayor frecuencia posible al aire o, mejor aún, al sol cuando el tiempo lo permita.

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