Un aceite esencial es un concentrado activo de plantas (flores, raíces, madera, corteza …). También hablamos de «quintaesencia». Se utiliza en cosmética para mejorar la calidad de la piel, pero también como remedio medicinal para tratar con delicadeza determinadas patologías.

Durante el embarazo, los aceites esenciales son de gran ayuda en el tratamiento de las dolencias cotidianas y desempeñan un papel beneficioso en nuestras emociones y nuestro bienestar general. Pueden ser valiosos aliados si se usan con prudencia. Sin embargo, debes tener cuidado e informar a tu médico o matrona sobre cada aceite esencial que desees utilizar.

A diferencia de los aceites vegetales grasos, con los que no se deben confundir, los aceites esenciales son volátiles, las moléculas aromáticas que los componen están indicadas por el quimiotipo (hablamos de aceites esenciales «quimiotipados» o HECT), una especie de tarjeta de identidad que nos permite conocer las propiedades terapéuticas de cada uno de ellos y por extensión, su posible riesgo de toxicidad.

Es importante comprobar la calidad de cada aceite esencial que compramos. Debe indicarse su nombre botánico en latín; debe ser quimiotipado, 100% puro, natural, integral y si es posible procedente de agricultura ecológica.

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