1. Mi bálsamo limpiador es demasiado duro:

Intenta ajustar la proporción de aceite y manteca en la fórmula. Cuanto mayor sea el porcentaje de aceite que incluyas, más líquido se volverá el limpiador. Debes experimentar con varias mantecas, ya que la manteca de cacao es una manteca dura, mientras que la manteca de mango es mucho más suave. Todo esto afectará la dureza/consistencia del producto final. No tengas miedo de experimentar. Los mejores formuladores son los que experimentan constantemente.

2. Mi bálsamo limpiador está demasiado líquido:

Al igual que antes, pero aqui es el porcentaje de aceites incluidos que deberá cambiarse. Recuerda, añadir aceites/macerados infundidos contará como aceite. Puedes aumentar la cantidad de manteca en la fórmula para hacerla un poco más dura. Los bálsamos limpiadores más líquidos también pueden ser un problema si vives en un clima más cálido ya que las mantecas se derriten fácilmente, así que ten esto en cuenta al diseñar la fórmula.

3. Mi bálsamo limpiador es granulado:

Algunas mantecas pueden volverse granulosas, por eso es mejor mezclarlas en frío. La manteca de karité es una de esas mantecas. Si eliges mezclarla en caliente, la granulosidad puede ser un problema, incluso si no es inmediatamente obvia, puede aparecer después, con el tiempo. En este caso, intenta volver a derretir la manteca y continúa revolviendo mientras se enfría (si, en todo momento).

4. Mi bálsamo limpiador se siente pegajoso:

Normalmente recomendamos que añadas la vitamina E a 0,5-1%. Al agregar más, no necesariamente aumentará los beneficios y puede añadir rigidez y pegajosidad.

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